diumenge, 14 d’abril de 2013

Soluciones sencillas

La casa estaba a las afuera del pueblo Lindares, la rodeaban prados verdes salpicados por alguna roca que daba una pincelada al paisaje. Algunas vacas yacían sobre la hierba rumiando. Era una casa no muy grande, la cocina era suficiente para comer, cocinar y almacenar en una alacena provisiones para tres meses.
La madre pelaba patatas, sentada en una silla junto a la mesa. Su aspecto más que de labriega era el de una hippy de los 60. Lleva un vestido de flores de colores vivos. Un pañuelo recogía su pelo apartándolo de su cara. En los pies lucía unas sandalias de tiras de cuero.
Su hija la miraba absorta pendiente de sus manos. Tenía apenas cuatro años. Llevaba dos coletas recogidas con dos grandes lazos azules. Parecía una muñeca, una personita muy dulce.
De pronto se acercó decidida a su madre y mirándola le dijo: quiero ayudarte mamá ¿que puedo hacer?
Su madre le devolvió la mirada llena de ternura. Miró a su alrededor y viendo un saco de naranjas se lo señaló: habría que llevar ese saco de naranjas a la alacena. La madre sonreía ante lo difícil que podría ser para ella misma semejante misión, mucho más, por no decir imposible, sería para su pequeña Cristina.
La niña se acercó al saco, pensativa ,con la mano apoyada en la mejilla. Al poco salió de la cocina.
La madre no dejaba de sonreír, cuando de pronto la vio entrar con un pequeño cesto en la mano y la vio acercarse al saco de naranjas. La sonrisa de mamá cambió por una mirada de curiosidad y se quedó sorprendida cuando vio que Cristina dejaba el cestetito en el suelo y sacaba una naranja del saco y la depositaba en el cesto. Fue llenando cesto tras cesto con dos o tres naranjas y llevándolos a la alacena.
Después de un rato largo Cristina miró a su madre y sonrió satisfecha. Había ayudado a su mamá y esta la tomó entre sus brazos y la llenó de besos, abrazos y carantoñas.

6 comentaris:

  1. Sencillo y directo, me gusta bastante Pilar como microrelato y el final que le das con la idea de la niña es una buena solución. Como los dos burros que están ligados a una misma cuerda y si tiran de ella no pueden comer, así que tienen que cooperar y comer los dos del mismo montón de comida. Saludos y hasta el próximo martes 23 si puedes venir. Un abrazo

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  2. Espero que ya lo tenga solucionado y pueda ir, ganas tengo un montón.Una abrasada.

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  3. Entrañable, Pilar.
    Puedo imaginarme la carita de satisfacción de esa niña con sus dos coletas después de haber logrado lo que se proponía.

    Carmen

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    Respostes
    1. Mi admirada poetisa: Lo que me resulta sorprendente es que la niña no se plantea que no puede. Ve el montón de naranjas y solo se plantea la mejor forma para poder hacerlo.De todo esto podríamos sacar bastantes lecciones ¿no te parece?
      También me gustaría expresarte que estoy sorprendida por tus aportaciones. Reconozco que me cuesta leer poesía pero ello no me impide ver la labor que llevas a cabo.

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