dimecres, 16 de novembre de 2016

Poema de Luís Rosales

En la darrera sessió de taller, un company ens va portar el llibre Diario de una resurrección de Luis Rosales. He volgut seleccionar aquest poema, el primer del llibre, per la manera senzilla, però contundent i colpidora, en què descriu els sentimentes. Cal destacar l'ús d'unes metàfores que primerament semblen simples per utilitzar elements quotidians sense massa lirisme ni pompa, però que neixen de les sensacions i sentiments propis, aquells que deixen empremta i que generen la bellesa en forma escrita.
Un efecte semblant al que produix el poema de Neruda, Desnuda, amb una descripció subtil i sublim a la vegada, mentre fa servir metàfores i comparacions amb paraules senzilles, de sobra utilitzades i conegudes. El podeu veure ací també traduït al valencià. 
Són dos exemples de la senzillesa elevada a la sublimitat.
Palabras Para Algo Más Que Un Dolor
Luis Rosales
TAL VEZ SOLO ES POSIBLE QUE PODAMOS AMARNOS
                             MIENTRAS QUE DURA UN BESO


o si se quiere una ardentía
que, poco más o menos, es una lástima de incendio,
quizá una lágrima de incendio,
y no puede vivir sino acabándose,
como la duración de una palabra sólo nos dice su verdad
       cuando está terminada
y deja su memoria en el oído.
Tal vez tengo un cansancio dirimente
y he llegado hasta ti como el náufrago si le empujan las olas
       puede llegar hasta la playa,
y he comenzado a andar con unos pasos tartamudos
hasta quedar extenuado,
y esto es ya como ver la espalda al día,
esto ya no es amar sino caer,
seguir cayendo sobre tu cuerpo como la noche cae en el
       mundo,
mientras siento crujir mis huesos y mis besos.

TAL VEZ ES CIERTO Y SIN EMBARGO ES TRISTE


que nuestro amor sólo puede durar mientras que dure
       un beso,
pero al besarte el tiempo se establece,
y tu cuerpo comienza a ser una pregunta,
cada una de tus manos tiene su gesto propio,
y el mirar de tus ojos empieza a conjugarse en voz pasiva.
Así me voy llenando de música y de tiempo,
y la música es sed,
y la sed es tan corta que tiene que nacer continuamente
como nacen mis ojos cuando el vestido empieza a resbalar
sobre tus caderas
y aparecen tus hombros soleados,
tu momentánea piel,
y tu cuello de miel agonizante,
y tu cintura que es de agua,
y recorro, una vez y otra vez, el corto territorio de tu
       vientre,
con un mirar infinitesimal,
con un encendimiento que cada vez se hace mayor
y que al fin se convierte en bautismo
sobre un pecho pequeño que cabe en un dedal
y unas rodillas fuertes y despiertísimas que alguna vez como
       las nubes tienden a separarse,
y las manos te nacen de repente igual que brota un
       manantial,
y las caricias vienen del origen del mundo,
ya que cuando se ama
todo el cuerpo termina siendo labio.

Y NO PUEDO OLVIDAR QUE ESTO ES UN PREMIO,


amiga mía,
un premio que me han dado para identificarme con la nieve,
mientras te miro
y se borra poco a poco tu rostro como se empañan los
       cristales
pues estoy atendiendo a otro diálogo,
y este diálogo es una lágrima que tengo ya en el ojo,
puesta a punto
y nunca acaba de caer,
y se va convirtiendo en araña,
y siento tu temblor,
su velludo temblor parpadeándome,
y es un poco de miedo
o una embolia
que toca con su hielo esta vida que es mía
y la contabiliza, hora tras hora, como se cierra un inventario.
Y esto no es doloroso,
amiga mía,
esto es así,
como una mano que te agarra por dentro
pensando en que la carne se encienda sin arder,
y la demora se convierta en culpa
y el beso que te doy deje de ser una caricia
y sea más bien una pregunta,
esa pregunta destituyente
que no me atrevo a hacer sino en tu boca,
pues todo lo que soy depende de ella,
depende de saber que nuestro amor pudo resucitarnos
-ésta fue su misión y la ha cumplido--
pero
sólo puede durar
mientras que dura un beso.

2 de agosto de 1976
del libro Diario de una resurrección

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